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Un arte sin tutela: Salón Independiente en México, 1968-1971.

Actualizado: 23 de ago de 2019

Por: Jorge Zarur

Instagram: jz_coleccvisual



Un arte sin tutela: Salón Independiente en México, 1968-1971. Exhibición en el MAZ.

El Salón Independiente es el grupo de jóvenes artistas que a pesar de sus proyectos heterogéneos lograron revelar un discurso de coalición social auténtico en un año 1968 donde México perdía rumbo como nación. Evitando la obviedad como debe ser en el buen arte, logran brindar un mensaje al país entero sobre la atroz represión, conformismo sistemático y futura degeneración civil. Cumplió de igual manera como ejercicio experimental para crear verdaderos colectivos que trabajaron sobre proyectos que comunican un trasfondo relevante para los habitantes del planeta.



Algunos de los artistas más relevantes que aparecen fueron:


· Manuel Felguérez

· Fernando García Ponce

· Roger Von Gunten

· Lilia Carrillo

· Helen Escobedo

· Gilberto Aceves Navarro

· Brian Nissen

· Arnaldo Coen

· Arnold Belkin

· José Luis Cuevas

· Vicente Rojo

· Feliciano Bejar

· Enrique Carbajal

· Felipe Ehrenberg

· Ricardo Rocha

· Ricardo Regazzoni


Entre muchos otros más que fueron parte de esa voz.


No vamos a entrar en una charla política con este escrito, pues Arte en Gdl se caracteriza por no tomar radicalismos en esos temas. Buscamos la inclusión social en las artes para su fortalecimiento y difusión. Así llegamos a un tema vital para la historia del arte mexicano: La Ruptura. Varios pintores del Salón Independiente entraron en este suceso que en esencia es el alejamiento claro con la instrucción instaurada por el gobierno y la escuela muralista tradicional. Es esa voz de hartazgo de un arte que empezó a relegarnos de las formas y vanguardias reales que se gestaban en el mundo. México dada su historia fue un importador de tendencias y los rupturistas tratan de ponernos al corriente con pintura abstracta que revoluciona la escena del país, aunque también complementan con tremendos figurativos como Corzas y José Luis Cuevas. La distancia que nos llevaba el mundo ya era lejana y es aquí donde Fernando García Ponce, Brian Nissen o Gilberto Aceves Navarro culminan el intento modernista de Tamayo, Goeritz y Gerzso. La ruptura como todo proceso entra en maduración y declive, pero siempre será el puente de un pasado revolucionario hacia las futuras tendencias que vivió nuestro país como los neomexicanismos o la escena actual que tiene a México en el mapa mundial con varios artistas contemporáneos como Abraham Cruz Villegas o Gabriel Orozco.





Hay que aplaudir que lleguen a Guadalajara este tipo de exhibiciones, pues a pesar que no tiene el boom mediático que dan los artistas extranjeros, nos enseña como con el acervo local podemos dar una cátedra de arte moderno a los visitantes. El museo cumple su función de informar, generar conocimiento y cuestionar el panorama de México siempre. La curaduría hace una bella selección tratando de tomar piezas trascendentales de cada artista, el orden y calidad de montaje hacen que sea un paseo vibrante. Hay formatos de varios metros, lo cual es un lujo presenciar, así como una fuerte voz hacia el feminismo inteligente con la muy acertada inclusión de piezas de Helen Escobedo y Lilia Carrillo que dejan claro que las mujeres de este país han estado igual de comprometidas con el arte y la lucha social que los hombres. Se percibe el bajo presupuesto que tenía este Salón al final logran unos montajes en periódico y desecho muy bien culminados, creando una especie de arte povera mexicano que tiene en su esencia matérica gran discurso. También vemos escultura de Vicente Rojo con ese juego de textura, color y geometría que lo caracteriza. Creando salas dinámicas y que con sus colores terminan por transportarnos a esos años de psicodelia.





Los formatos de muchas de las piezas son un lujo, pues podemos ver un mural de Aceves Navarro de varios metros de largo, Lilia Carrillo en su máximo esplendor con un piezón abstracto que deleita a un costado de un elegante Brian Nissen. De igual modo acompaña a todo esto un políptico de Fernando García Ponce en azul muy sólido. Es de resaltar varias piezas de Felipe Ehrenberg que realizó mientras estaba en Londres y creo le mete un toque de anarquía muy inteligente a toda la muestra. México en 1968 tenía 50 millones de personas, hoy en día somos 130 millones con un tejido social mucho más inmerso en problemáticas de esta fracasada modernidad. Esta muestra nos deja el planteamiento sobre en qué momento nuestra apatía social nos hizo perder esas calles con dignidad y paz.



 

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