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ARTE EN GDL

bitácora artística

Arte y divulgación cultural para la ciudad.

 
 
 

La Ruptura: La emancipación creativa del arte mexicano.

Por Jorge Zarur.

Instagram: jz_coleccvisual


Durante la mitad del siglo XX el arte mexicano se caracterizó por ese encapsulamiento temático con base en un modernismo costumbrista que fue migrando hacia una ratificación de la revolución y los mexicanismos cliché. Las importaciones estilísticas de Europa se centraban en las corrientes visuales más convencionales o en vanguardias que se asimilaban de modo muy tardío en relación al ritmo global. El avance pictórico de nuestro país caminaba sin hacer ruido y poca velocidad, exceptuando algunos años del “muralismo” que fue el evento más importante de la pintura nacional, pero como todo proceso tuvo un agotamiento claro. Los cuestionamientos artísticos dejaron de ser críticos para tornarse obvios y muy cómodos en relación a un México extraviado en lo que debía ser el proceso evolutivo de su identidad cultural. El Estado surgió como un agente regulador que terminó por encasillar las variantes con un paternalismo que mitigaba los señalamientos y planteamientos fuera de lo pactado desde los tiempos de Vasconcelos.





Durante la década de los 60’s en el mundo se gestaba una concientización sobre el rumbo de la humanidad. Las diversas guerras que se llevaban a cabo creaban dudas acerca de la legitimidad social en los gobiernos y la represión comenzó a ser un elemento de choque hacia la juventud. México después de años en la somnolencia y una tutela unipartidista en total hegemonía decide romper con los cánones civiles y artísticos en un 1968 que nos marcaría por siempre. Los artistas se unen en un fuerte movimiento anárquico en protesta por una situación de silenciamiento y asesinato de estudiantes ejecutado desde el gobierno. Y es en ese momento donde la sociedad comienza a mirar hacia el arte con un nuevo ímpetu, pues se brindó una nueva sustancia y sentido humanístico. Los espacios culturales e intereses comenzaron a abrirse en torno a un desarrollo integral para el momento social de las ciudades. Las abstracciones y figuraciones empiezan a generar planteamientos inteligentes y a pesar de que seguíamos tratando de alcanzar al mundo, por fin pudimos dejar en un acto freudiano a los padres de la pintura mexicana atrás. Tal cual lo profetizó José Luis Cuevas en la “cortina de nopal” a mediados de los 50’s, el arte de México debía ser una bitácora actual y romper el romanticismo con una mexicanidad que ya no nos representaba del todo en fondo y forma. Las influencias de diversos extranjeros como Goeritz, Gerzso, Paalen y Mérida introducían un nuevo modernismo geométrico. Y de forma paralela el trabajo de Rufino Tamayo, Juan Soriano y Pedro Coronel construyeron ese puente hacia un rumbo artístico con cualidades muy necesarias para transitar hacia un nuevo marco artístico nacional.





Es así como entre Octavio Paz y Teresa del Conde sin ponerse de acuerdo bautizan al movimiento como “la ruptura”. Juan García Ponce de igual modo teoriza el momento plástico con su libro “9 pintores mexicanos” y se engloban los siguientes: Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Lilia Carrillo, Vicente Rojo, Fernando García Ponce, Gabriel Ramírez, Roger Von Gunten, Francisco Corzas y Arnaldo Coen. Solo añadiría a José Luis Cuevas y al maestro Gilberto Aceves Navarro como el grupo de la ruptura sólida. Todos con planteamientos vanguardistas para la nación de esos años, pues logran generar un intercambio global y nos introducen las potencialidades creativas con un gran oficio. Son ellos quienes prepararon al país para un futuro contemporáneo de arte con propuesta y que dejáramos de ser ese México que iba atrás de lo que sucedía y comenzó a proponer de nuevo. Ellos pusieron la mesa para que varios artistas hoy en día sean muy aceptados alrededor del mundo por su trabajo que dignifica nuestra cultura con actualidad e inteligencia. Sin duda la ruptura es el movimiento que nos recuerda que no debemos conformarnos ni callarnos ante la represión o el discurso dirigido, pues ahí radica uno de los valores primordiales del arte que es la libertad. Esa libertad que nos lleva a comunicar lo que somos con verdad y dignidad para una posteridad que debe prevalecer en armonía y justicia para todos.

 

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