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bitácora artística

Arte y divulgación cultural para la ciudad.

 
 
 

El discurso en el arte contemporáneo a través de una obra de Enrique Hernández.

Actualizado: 23 de ago de 2019

Por: Jorge Zarur

Instagram: jz_coleccvisual

El discurso en la obra de arte pictórica es esa intención del artista por crear un mensaje a través de los elementos visuales y técnicos que se perciben en la pieza. Es la primera instancia para que el perceptor vaya jalando ese hilo de lo que será el discurso personal sobre la obra acorde al entendimiento individual. Ahí comienza esa interpretación, plática y debate sobre lo que nuestra experiencia visual genera. A veces se tiene la oportunidad de ser influido por comentarios del artista creando una opinión más completa, otras veces nos podemos ir por un lado opuesto a lo que nos quiso decir. Los discursos que no son obvios piden un esfuerzo por adentrarse al universo del creador, el cual se gratifica con un mayor aprendizaje y gusto por el arte.


Enrique Hernández artista de Guadalajara lleva a cabo un proyecto denominado Salvat (sí, como la enciclopedia que todos usamos alguna vez). Donde expone obras clásicas y piezas que nos han dicho que son emblemáticas para la historia del arte según los círculos empoderados en su difusión. Y es aquí donde él comienza a tapar partes de estas obras simulando párrafos de libros cancelados por cuadros de óleo color negro. Esos cuadros negros podrían ser una evocación a Malevich, pintor ucraniano que supo llevar a través de la abstracción un discurso artístico sincero y pleno.



De la Serie Salvat. Sin Título, 2017. Óleo sobre lienzo.


Discurso: La historia del arte ha sido escrita por los países y grupos de poder victoriosos a través del tiempo. Creando una cronología oficial que se impone en las masas ocasionado que las personas no definan un gusto o versión personal, simplemente se apegan a la teoría impresa que no siempre es la más objetiva. Se debe generar una interpretación individual de lo sucedido para disfrutar y entender el ajetreo histórico de la humanidad, donde se debe tener al arte como una bitácora muy completa.


La mayoría de las personas que ven esta pieza y he tenido el gusto de comentarla critican el que se tape de negro partes del lienzo, ya que la calidad con la que está plasmada la Victoria de Samotracia es excelente. Ven en lo que le da genialidad al discurso una obstrucción para ver el realismo y talento claro en la obra de Enrique. Añoran el discurso fácil y de figuración total que no los lleve buscar conjeturas interiores.


Discurso adicional sobre la obra: La Victoria de Samotracia fue encontrada en Grecia y llevada a Francia en 1863. Una Nike griega simboliza la victoria en batalla lo cual, para esos años de un fuerte poderío francés la retoman embonando perfecto como un emblema más de su pujante imperialismo. Hoy en día la obra reside en el museo del Louvre y su clasicismo es vibrante. Una escultura mutilada por el paso del tiempo que tiene una belleza atrayente. Los franceses crearon un acervo con base en la violencia de sus campañas militares por el mundo. El saqueo fue claro y su coleccionismo usurpador. Supieron por décadas centralizar y proyectar el mercado artístico del mundo. Siendo París el mayor escenario intelectual durante un período vital para la consolidación del cuento histórico. Incluso en la modernidad una de las marcas deportivas que hoy en día mejor simbolizan el imperialismo es Nike, quien usa como emblema la referencia a estas deidades de victoria. Imponen cánones de admiración atlética que al fin y al cabo se comercializan sin escrúpulos.




Enrique Hernández no está bloqueando a la Victoria de Samotracia, está bloqueando el imperialismo que nos ha impuesto un modo de pensamiento colectivo. No sólo en lo artístico, sino en lo funcional como sociedad. El cuadro representa a través de una bellísima escultura griega la anarquía que debemos tener hacia las historias impuestas y las referencias tradicionalistas que han alejado a las personas de su lado humano. Volver a mirar una obra sin importar el autor o la proveniencia, sino su calidad y belleza. Una anarquía hacia las potencias y el mercado que quizás no sea cómoda para muchos, pero es así como este cuadro inspira a ser un individuo auténtico y con sus propias victorias intelectuales.




 

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