Untitled

ARTE EN GDL

bitácora artística

Arte y divulgación cultural para la ciudad.

 
 
 

6 pintores que con carreras breves consolidaron el arranque del siglo XX en el arte mexicano.

Por Jorge Zarur

Instagram: jz_coleccvisual


La escuela mexicana de pintura a finales del 1800s e inicios de 1900s se distinguió por ser una importadora de vanguardias europeas que poco a poco fue adquiriendo identidad propia culminando con el emblemático muralismo nacional. Rivera, Orozco y Siquieros ayudados por Vasoncelos eclipsaron de cierto modo un momento histórico que estuvo lleno de deslumbrante talento, pero su instante temporal no le ayudó a brillar dentro de las pláticas actuales de historia del arte como debería ser. El coleccionismo informado por parte de conocedores del recorrido pictórico mexicano sabe que hay piezas con un valor profundo en los siguientes seis pintores que vamos a mencionar. Incluso adquieren mayor relevancia como obras que muchos escuetos bosquejos o grabados que hoy abundan en subastas y galerías de los trillados muralistas. De 1920 a 1960 la escuela mexicana de pintura va sufriendo un ciclo perpetuo de mexicanismos que comienzan a hacerse recurrentes, propagandísticos y desgastados incluso, pero ese es otro tema para después. El modernismo mexicano tuvo en su proceso a estos artistas como precursores, desarrolladores o consolidadores, así como tuvieron carreras especiales y concentradas en lapsos cortos de producción. Ahí uno de los criterios por los cuales se dejan fuera al Dr. Atl, Lazo, Manuel Rodríguez Lozano o un Roberto Montenegro quienes fueron vitales para ese momen to también.


Joaquín Clausell (1866 – 1935)


Joaquín Clausell comienza tarde su encuentro con la pintura, pues encuentra en el exilio por su profesión de crítico periodístico una estadía en París en el 1896. Es aquí donde conoce al arte que se divulga en la bella ciudad y se impregna de un impresionismo que ya estaba en momentos de suma madurez, incluso de salida como vanguardia. Conoce a intelectuales y pintores de la época dorada parisina y regresa a México. Es en ese momento donde decide convertirse en pintor de modo alterno a su vocación litigante y motivado por grandes figuras como el Dr. Atl y Diego Rivera a sus 35 años la toma con mayor empuje.





Su obra consiste en diversos tipos de paisajes hechos con una particular identidad. Vemos esa escuela al aire libre a través de colores seleccionados de modo nato, se crea un juego de luz único. Cada paisaje de Clausell es un momento de movimiento, destellos y naturaleza en bruto que terminan por cautivar a quien les observa. Su obra se convierte en la más acertada adaptación del impresionismo desde la visión de México. Y junto con Jorge Enciso a nivel temporal desarrollan con suma dignidad este periodo del arte nacional lleno de estilo y particularidad.





Ángel Zárraga (1886-1946)


Proveniente de una familia acomoda de Durango se mudan a la Ciudad de México, donde se instruye en San Ildefonso. Con dotes de escritor, pronto encuentra su vocación en las artes y comienza su formación artística en la Escuela de Bellas Artes donde conoce a Diego Rivera y Saturnino Herrán. Al poco tiempo tramita su residencia europea la cual dura la mitad de su vida. Se enamora del ambiente intelectual que se gestaba en Francia y posteriormente en España. Él a pesar de llegar en un momento fundamental en la evolución del arte global prefiere anclarse por gran tiempo en un realismo simbólico que técnicamente ya no era novedoso. El decadentismo depresivo de su obra muchas veces no rimó con la cómoda vida que tuvo, incluso hasta su muerte siempre tuvo la tranquilidad de saber que su obra era bien acogida. Tuvo trabajos muralistas en París y México, así como todas sus exhibiciones dentro de nuestro país fueron dignamente reseñadas.





Su obra es de interés sumo para los coleccionistas, pues plantea una ejecución técnica pulcra, el discurso es fenomenalmente planteado y atemporal. Es de los artistas donde los rostros pareciera que nos hablaran y sus cuadros se vuelven atrayentes por su capacidad de conmover. La temática religiosa guarda esas escenas dolorosas, pero a su vez críticas del momento planteado. Su pasión por el fútbol generó series con ese motivo que resultan ser bastante definidas en su estilo y transmisoras de lo humano. Aquí vamos a entrar a un punto clave de su obra que es el estudio cuerpo-humanidad-divinidad. Todo su realismo se compenetra en brindar emociones, expresiones vivas y un rotundo mensaje. Durante una etapa es contagiado por el cubismo de Braque o Picasso y nos brinda piezas ejecutadas con singular maestría, aunque sin innovación visual. Hoy en día sus piezas se ven poco dentro del mercado secundario y son toda una joya más allá de lo convencional dentro de las colecciones que gozan con el privilegio de acoger su legado.





Saturnino Herrán (1887 – 1918)


Saturnino nace en Aguascalientes dentro de una familia acomodada y creativa por parte de su padre, quien fuera un notable político y académico en diversos temas. Su formación fue cuidada y desarrolló su intelectualidad rodeado de importantes personajes en el empuje cultural. Se incorpora pronto a la Academia de San Carlos, donde es prospectado como un gran talento junto a Diego Rivera. Sus maestros que denotaron influencia en él fueron Fabrés y Gedovius, pues sabían del potencial de Herrán al ver su ataque hacia el lienzo. Asimiló como pocos la visual en la pintura española de Zuloaga y Sorolla, ya que podemos ver ese dibujo ágil que a través de una paleta opaca da vida profunda a un realismo pictórico para México.





Más allá de su notable talento hubo un aspecto fundamental en la obra de Saturnino que la hizo ser de las más trascendentes para nuestra historia. Su interpretación del modernismo mexicano que buscaba hacer el verdadero rescate de las raíces de nuestra tierra a través de una pintura más que crítica, sincera. Su apego a los estudios antropológicos y artísticos del México antiguo lo llevaron a crear un universo de suma dignidad para el pasado del país. Dar con precisión con la belleza en los rasgos y la descripción de costumbres fueron una constante que hizo que su obra hiciera un tributo al indigenismo que no había logrado ser incorporado. Sin dejar a un lado el presente logra ese realismo lleno de simbologías vigentes en el proceso obrero mexicano que terminan por crear la bitácora precisa del momento histórico. Su lamentable muerte fue prematura a los 31 años, permitiéndole realizar alrededor de 75 piezas en pintura, su legado es hoy en día joya invaluable en las muy pocas colecciones que lo tienen incorporado.






Julio Ruelas. (1870 – 1907)


Miembro de una familia aristócrata zacatecana radica pronto en la Ciudad de México dadas las responsabilidades políticas de su padre con el porfiriato. Las posibilidades económicas que tuvo le permitieron tener estudios en Alemania y Francia, donde recibe una influencia fundamental tanto de secuencia artística como técnica. Su camino fue claro, el simbolismo con toques decadentistas lo supo acoger y brindarle una dignidad, pues a través de estas ilustraciones logra plasmar una identidad poco común. Incluso podemos decir que fue una especie de anarquista satírico, ya que abordó sutilmente temas lascivos, políticos o incluso surrealismo tétrico que probablemente nos narra sus peores pesadillas.





Acompañado y retroalimentado por la poesía de la época logra crear una propuesta rotunda junto a la letra de Amado Nervo con quien supo hacer dupla visual y poética entre otros intelectuales más. Participar en la Revista Moderna le permitió tener esa interconexión cultural por Latinoamérica, la cual le dio una plataforma para ser uno de los más importantes ilustradores de ese momento. Muere joven en Francia a los 37 años, pero deja un legado impregnado de un mensaje personal que descifra un momento histórico vital para la historia de nuestro país.





Adolfo Best Maugard (1891 – 1964)


Nace en la Ciudad de México y casi al igual que la mayoría de aristócratas intelectuales mexicanos se va a Europa a estudiar. Recibe una intensiva instrucción sobre humanidades diversas y es en ese momento donde profundiza en la pintura. Deduce que prácticamente la pintura había culminado un ciclo glorioso lleno de realismo y perfección estilística. Motivado regresa a la Ciudad de México y promueve la escuela al aire libre, así como vislumbra el nacionalismo como un método de difusión cultural que culmina con su libro/manual acerca de dibujo. Es ahí donde ve una posibilidad de difundir una universalidad mexicana a través del rescate digno de las raíces de nuestro país.





Su carrera como pintor es breve, pues se interesó por muchas áreas como política, escenografía, cine o incluso literatura. Su obra tiene un sello muy característico con esos retratos de ojos poderosos y caras en simetría. Ese naturalismo se ve reflejado también con ayuda de una paleta discreta que va forjando un modernismo para la posteridad. Otro punto muy importante es el fuerte impacto que tuvo sobre toda una generación de pintores que arrancaron sus carreras en los 20`s . Su sello y apoyo fue vital para que la difusión del arte y la visión del México post revolucionario tuvieran una dignidad grata.





Abraham Ángel (1905 – 1924)


Abraham Ángel vive solamente 19 años y nos deja no más de 30 piezas en su repertorio, las cuales son de las máximas joyas de la pintura nacional, pero no por su poca cantidad, sino por desarrollar ese Fauvismo mexicano lleno de sinceridad y soltura que rompen el entorno de donde se aprecian. Crece en el abandono de su padre, repudio de su profesión por parte de su familia y una homosexualidad criticada en esos tiempos que lo termina por llevar a un suicidio. Al entrar a San Carlos, se enamora perdidamente de Manuel Rodríguez Lozano (gran pintor y maestro) y al enterarse de que guardaba un romance también con Julio Castellanos decide quitarse la vida con una inyección de cocaína que le detiene el corazón. Su corta vida se convierte en una tragedia que junto a su obra lo dejan inmortalizado en la historia de nuestro país.





Abraham pintó para si mismo, para comunicarse con un mundo que por muchos años no lo escuchó. Fue un trabajo profético de su existencia, pues hasta sus últimas obras, por ejemplo “me mato por una mujer traidora” o “el tenista” refleja ese amor que se torna una maldición en su vida. Con una gran influencia de los maestros del momento y las tendencias previas sabe crear una identidad peculiar que hace que su obra sea un deleite cargado de toda su introspección. A pesar que Europa en esos momentos nos llevaba una ventaja estilística e íbamos tardíos en muchos aspecto, su obra enriquece la consolidación del modernismo mexicano que dignifica nuestra historia y pueblo. Muere muy joven y probablemente nos dejó sin ver una de las carreras con mayor potencial dentro de la pintura mexicana, pero inmortaliza una historia fascinante de vida que su legado es hoy en día uno de los auténticos tesoros del coleccionismo nacional.




 

CONTACTO

Deja tus comentarios aquí.

¡Gracias por tu mensaje!

 

©Twenty Twenty by Arte en Gdl.